Cómo elaborar un bosquejo

Hablar en público no es una tarea fácil. En ocasiones, los nervios son tan grandes que hacen que se seque la garganta, producen dolor de estómago y una sensación perenne de náusea, hace que las rodillas se tambaleen, que la lengua se trabe y que la cara se torne pálida y fría.

En realidad, expresar sus ideas delante de otros puede ser paralizante, es todo un reto. La inseguridad nos lleva a dudar de nosotros mismos y de lo que sabemos. En tales circunstancias, siempre vendría bien contar con ayudas que permitan que las cosas fluyan de una mejor manera.

¿Qué puedes hacer para expresarte con seguridad y naturalidad delante de otros? ¿Es necesario ser un orador profesional para lograrlo? ¡Por supuesto que no! Sin importar si hablarás frente a tu clase, frente a tus empleados o si dirás un discurso delante una audiencia muy grande y especializada, siempre será de mucha ayuda usar un bosquejo. Este puede ser escrito o metal.

bosquejo

Pero, ¿sabes lo que es un bosquejo? Simplemente, se trata un método de organización de las ideas, el cual permite expresar cada una de ellas de manera lógica y coherente. Por otra parte, funciona como una guía que te permitirá recordar las ideas principales de tu disertación.

En realidad, resulta ser una herramienta muy práctica e interesante. Pero, ¿sabes cómo elaborar un bosquejo? ¿Te gustaría aprender a hacerlo? ¿Qué ideas debes incluir? ¿Cuáles son sus características? ¿Cómo se usa al hablar en público? Si deseas conocer las respuestas a estas interrogantes, no puedes dejar de leer este artículo.

Gracias a estos consejos, al hablar en público, pasarás de ser una persona tímida e insegura a todo un orador profesional. Además, tendrás la certeza de que estarás transmitiendo tus ideas correctamente, sin temor a caer en las malas interpretaciones.

Instrucciones para elaborar un bosquejo

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Aunque este término, en ocasiones, se relaciona con el dibujo y se utiliza como un sinónimo de la palabra boceto. En esta oportunidad, se estará explicando el significado de esta palabra respecto a tu texto escrito.

En tales circunstancias, un bosquejo no es más que una estrategia de trabajo en donde se reflejan las ideas que sirven como referencia para la realización de un estudio. Por lo general, estas ideas se expresan a través de títulos y subtítulos, dándonos una visión general de cómo quedará distribuida la información del tema a considerar.

El propósito de un bosquejo es establecer los parámetros que le darán forma al discurso. Es decir, lo que abarcará y lo que quedará excluido. También permite organizar la información que se ha recopilado en orden lógico. Asimismo, permite detectar cuáles son las áreas en donde falta material, a fin de hacer los correctivos necesarios.

De acuerdo con el propósito de su uso, un bosquejo puede ser simple o compuesto. No obstante, cabe señalar que siempre debe incluir el objetivo o propósito del estudio, así como las ideas principales del mismo.

Un bosquejo simple es aquel en donde solo aparecen las ideas principales, mientras que el compuesto, abarca tanto las ideas principales, como las secundarias y las relaciones que existen entre unas y otras.

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Pero, ¿cómo elaborar uno? Solo tienes que seguir los siguientes pasos:

  1. Crea un título que exprese la idea central que quieres transmitir, sin dejar a un lado el ángulo o el enfoque desde el que vas a abordar el tema. Para ello, investiga con una mente abierta. Si lo haces de esta manera, de seguro podrás encontrar ideas muy buenas. En caso de que tengas un título previamente establecido, toma suficiente tiempo para analizar cuáles son las palabras principales que lo conforman y así entenderlo bien.
  2. Cuando hayas conseguido establecer un título, el siguiente paso será investigar más a fondo y de manera más específica. Céntrate en los aspectos que sean de mayor interés apara tu auditorio con el fin de hacer la presentación más atractiva. En lugar de enfocarte en puntos generales, busca aspectos concretos, informativos y prácticos. Por supuesto, como es natural, no podrás emplear toda la información que consigas. Por eso, es importante que hagas una buena selección.
  3. Determina cuáles son los puntos principales que debes abarcar para poder desarrollar el tema y su propósito, ya que estos serán los que compondrán la estructura del esquema. Para una presentación corta y sencilla, con dos puntos principales será suficiente. Pero, si la exposición durará más de una hora, con cinco puntos principales podrás trabajar. Claro, ten en cuenta que mientras menos puntos principales utilices, mejor se quedarán grabados en la mente de tu auditorio.
  4. Estructura los datos recopilados. Separa aquellos que están estrechamente relacionados con los puntos principales. Luego, agrega detalles que le aporten un atractivo especial a tu exposición. Ordena cada uno de estos elementos debajo del punto principal correspondiente y descarta los que no encajen con ninguno.
  5. Organiza la información de acuerdo con el objetivo planteado. En tal caso, puedes optar por usar un sistema cronológico o temático. También puedes seguir la relación causa y efecto o de problema y solución.
  6. Escribe una introducción que despierte el interés del auditorio y que les haga ver que lo que dirás a continuación es algo importante.
  7. Finalmente, haz una conclusión que motive a la acción y que vaya en armonía con el objetivo que te planteaste al principio.

Al seguir estas instrucciones podrás elaborar un buen bosquejo, uno que te ayudará a transmitir tus ideas de forma clara. Pero, ¿qué más necesitas saber? Veámoslo.

¿Que necesitas para elaborar un bosquejo?

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Antes de elaborar un bosquejo, es necesario que sepas que existen diferentes tipos, cada uno de los cuales cumple una función diferente. Algunos de los bosquejos que podemos usar son los siguientes:

  • Cronológico: tiene la finalidad de presentar los acontecimientos de acuerdo con el tiempo en que se presentaron. En algunos casos, se puede hacer a la inversa. Es decir, desde la culminación de un asunto, hasta su principio.
  • Geográfico: en este caso, los puntos principales se centran en los sitios o lugares geográficos en donde se desarrollaron los hechos.
  • Temático: en él, las ideas se estructuran de acuerdo con el tema a tratar, sin tener que seguir necesariamente el orden lógico del pensamiento del expositor. Este es uno de los tipos de bosquejo más utilizados.
  • Homilético: es muy diferente a un bosquejo de estudio, ya que requiere de una introducción, de ilustraciones y de una aplicación. Tiene el fin de comunicar, a través de la oralidad, un mensaje de índole religioso.
  • Lógico: su propósito es avanzar hacia una meta definida, la cual pretende probar si un argumento es veraz o no. Por ello, se apoya en la relación que hay entre los elementos que conforman la exposición y el desarrollo progresivo del pensamiento del autor.

Además, de esto, para saber la extensión de tu bosquejo, es necesario que sepas el tiempo que tienes para abarcar las ideas. Si incluyes demasiadas, esto hará que tengas que hablar muy rápido, y hasta atropellar las palabras, para no excederte del tiempo asignado.

Por el contrario, si empleas pocas ideas, es probable que te sobre tiempo y que tengas que improvisar nuevas, cosa que rompería con la estructura que estabas utilizando.

También necesitas recurrir a fuentes de información que sean confiables. De ello dependerá la credibilidad de lo que digas. Por eso, evita la tentación de valerte de lo que conoces sobre el tema. Lo mejor, en este caso, es investigar lo suficiente como aportar datos verídicos e interesantes.

Quizás también sea necesario que respaldes algunas idas con datos estadísticos, experiencias, ilustraciones o comentarios de expertos. Eso le dará peso a tu exposición y un matiz más atractivo para el auditorio.

Pero, ¿qué otras recomendaciones debes tomar en cuenta para la elaboración de un buen bosquejo? ¿Cómo puedes utilizarlo?

Consejos para elaborar un bosquejo

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El objetivo no es solo aprender a elaborar un bosquejo, sino también saber cuál es la manera correcta de utilizarlo. Si bien es cierto que redactar todo lo que tienes que decir, y luego leerlo, hace que seas más preciso y que uses un vocabulario más correcto y especializado, resulta mucho más complicado llegar a los oyentes, motivarlos. Ya que solemos adoptar un ritmo que carece de naturalidad.

También, resta contacto visual con el auditorio. Al centrarnos en el papel, es probable que el auditorio pierda interés en lo que decimos. Por eso, lo mejor siempre será improvisar las palabras a través del uso de un bosquejo. Sin embargo, esto parece ser una tarea un tanto riesgosa.

Sin embargo, para utilizar un bosquejo correctamente, es fundamental que te prepares con anticipación. Para ello, puedes valerte de los siguientes pasos:

  1. Lee el título, así como todos los puntos principales y detente a pensar en cómo están relacionados cada uno de ellos con el tema que abordas.
  2. Distribuye el tiempo que tienes en cada una de las ideas que piensas abarcar.
  3. Detente en un punto y repasa los argumentos, los ejemplos, las citas y anécdotas que vas a utilizar para desarrollarlo. Repite esta acción varias veces hasta que hayas logrado recordar bien cada detalle.
  4. Repite el mismo procedimiento en cada uno de los demás puntos principales, pensando en aquello que puedes eliminar a fin de poder cumplir con el tiempo establecido para esta sección.
  5. Luego, repasa todo el contenido de tu exposición. Trata de centrarte en las ideas y no en las palabras. De esta manera no tendrás que memorizar palabra por palabra, sino que podrás expresar las ideas empleando un vocabulario más florido y fluido.
  6. No te paralizarás si olvidaste alguna frase porque, como ya conoces la idea, puedes improvisar palabras que cumplan con el objetivo original.
  7. Como has podido darte cuenta, improvisar las palabras valiéndote de un breve bosquejo, es más fácil que robarle un dulce a un niño, y las ventajas son muchas.
  8. Por ejemplo, podrás mantener un mejor contacto visual con el auditorio, habrá una mejor interacción, hablarás desde el corazón y, por lo tanto, tu tono será natural, tal como si estuvieras hablando con tus amigos y, como ya lo hemos mencionado, no corres el riesgo de quedar en blanco si se te olvida alguna palabra memorizada.

NO LO OLVIDES…

Lo que te ayudará a usar un bosquejo correctamente es poner en práctica estos consejos:

  • Estar al tanto y reconocer cuáles son las ventajas de la improvisación de las palabras a través del uso de un bosquejo sencillo, acorde con el tema que deseas abordar.
  • En tus conversaciones cotidianas, primero trata organizar las ideas en tu mente, antes de que las vayas a expresar.
  • A fin de ganar confianza al hablar, sé más participativo en conversaciones grupales y expresa tu opinión siempre que sea prudente hacerlo.
  • Practica elaborando un bosque sencillo usando cualquier tema, cuidando que sea fácil de leer y seguir a primera vista.
  • Prepárate para hablar ante otros tomando en cuenta las ideas que estructuran tu exposición y no memorizando cada palabra que lo conforma.
  • Habla frente a tu espejo, grábate cuando ensayes o pídele a alguien de confianza que te escuche cuando lo hagas. De esa manera sabrás qué cosas estás haciendo bien y a qué debes darle más atención para mejorar como orador.

Por supuesto, es probable que en la primera experiencia no todo sea color de rosa. Quizás los nervios te hagan pensar que no lo estás haciendo bien. No obstante, recuerda que hablar a partir de un bosquejo siempre será lo más beneficioso para lograr una conexión verdadera con quienes te escuchan.

 

 

 

 

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