El aula para el estudiante puede ser la pesadilla de todos y cada uno de los chicos que prefieren estar en otro sitio y no precisamente allí. La suma de todo lo que nos cae gordo, pesado, insufrible. Pero también, y por más que nos pese, el sitio donde se hornea nuestro futuro, con todos y cada uno de los ingredientes que más adelante tendrá nuestra vida adulta. Sí, porque aunque esto no es ciento por ciento exacto, en la gran mayoría de los casos tenemos tendencia  a ser de adultos como hemos sido de estudiantes: abejorros laboriosos o saltamontes dejados, seres voluntariosos y enérgicos o por el contrario, flojos aspirantes a todo que nunca consiguen completar sus objetivos y a diario se confunden con los cojines del sofá, de tanto estar echados en él.

¿Y qué es un buen estudiante?

buen estudianteNo, no tiene en absoluto que ver con militar en las filas nerd. No es necesario ser un tímido ratón de biblioteca ni un misógino gafotas que detesta al género humano y se la pasa persiguiendo pokémons. Ser buen estudiante es, en principio, no perder nunca de vista que fuiste a la escuela en primer lugar a aprender (aunque no está nada mal divertirse en el proceso). Es aprovechar al máximo tu tiempo allí, absorber todo lo posible en cuanto a conocimientos, aprender tus fortalezas, debilidades, pasiones, para ir encontrando lo que te gusta hacer o a lo que te quisieras dedicar el resto de tu vida. Básicamente, un buen estudiante es aquel que logra compaginar buen aprendizaje y socialización adecuada, sin permitir que uno sobresalga demasiado por encima del otro. ¡Estás ahí para aprender!

¿Cómo llego a serlo?

Los hábitos sociales y de trabajo que logremos crear en esa etapa nos acompañarán durante el resto del camino hacia el éxito o el fracaso, o nos harán dar saltos entre uno y otro. En otras palabras, para ser un estudiante por encima de la media o ubicarse entre los mejores de clase no basta con ser más inteligente que los demás, de hecho, confiar única y exclusivamente en tu memoria o tu habilidad de aprendizaje sin imponerte ciertas dosis de disciplina, sólo te traerá como resultado un finalismo que a veces puede resultar cómodo, si la tarea que te han puesto delante es mediana, pero que te hará tambalear cuando los profesores aprieten las tuercas.

De hecho, los sabelotodos que o bien se jactan de serlo, o proyectan una imagen de desinterés pero aún así se las apañan y sacan buenas notas suelen caer bastante pesados, y no demoran en ganarse antipatías entre los pedagogos. Con todo, no es tan difícil ser un excelente estudiante, siempre que tengas claro cómo aprender a estudiar. Basta con seguir estos consejos y tips que te ofrecemos y que, si los sigues al pie de la letra, te traerán resultados asombrosos.

Cómo ser un estudiante magnífico (o casi)

Entre estos consejos hay dos vertientes: los que te garantizarán buenos resultados académicos, y aquellos que te ayudarán a proyectarte socialmente de manera correcta y a rodearte de aliados, no de “enemigos”. Esto último parecerá una tontería pero es realmente muy importante que tus compañeros no te asuman como competencia (aunque a fin de cuentas lo eres) y que tus profesores no vean en ti una pequeña fiera que necesita ser domesticada.

Consejos para ser un buen estudiante

  1. El más obvio, pero que no está de más repetir: recuerda que viniste aquí a estudiar. Tómatelo en serio. Repítelo todos los días antes de entrar al cole. El tiempo es un recurso que no podrás recuperar.
  2. El aula no es el mejor sitio para hacer bromas pesadas. Nunca lo hagas, ni invites a nadie a hacerlo, mucho menos tomes como objeto de burlas a un profesor porque te convertirás en algo que todos quieren erradicar: un líder negativo.
  3. Diviértete lo más que puedas. Parecerá una contradicción, pero no lo es. Practica deportes, toca algún instrumento musical o incluso canta si eres capaz. Te ayudará a refrescar y cambiar de actividad, evitará que te hartes de la escuela e indudablemente ampliará tu círculo de amistades, lo cual si lo administras bien te mantendrá enfocado en tus objetivos. Que no sean las pesadas clases de matemáticas lo único que te espera en el cole.
  4. Jamás digas o insinúes a un profesor que lo que intenta enseñarte no te interesa: de nada está más orgulloso que de sus conocimientos, por algo gasta su tiempo intentando que tú aprendas lo que tiene para mostrarte. En cuanto vea que pasas de su clase, empezarás a ser “ese mocoso engreído”. Y “ese mocoso engreído” se las verá negras en lo adelante. Cuando un contenido te resulte pesado no molestes, busca algo que puedas hacer en silencio y sin llamar la atención. Aunque lo más recomendable sería hacer de tripas corazón y atender la clase.
  5. Organiza bien tu material escolar. Te ayudará a ahorrar tiempo si sabes perfectamente en qué cuaderno anotaste aquella clase, aparentemente sin importancia, que de repente es objetivo de un examen.
  6. Presta atención a las clases con contenido nuevo. Ojo, en verdad deberías prestar atención a todas. Pero aquellas en que se introducen nuevos conocimientos son vitales.
  7. Haz todas las preguntas que creas necesarias. Trata de comprender a fondo todo lo que se explique, y si no entiendes pregúntale de nuevo al profesor. Jamás te quedes en silencio si no has entendido.
  8. Toma nota de lo más importante. No importa que tengas el contenido a mano en internet, o en un documento en formato digital. Tomar notas a mano ayuda a comprender y memorizar los conocimientos.
  9. No pospongas tareas. Si te indican hacer algo para el lunes, no comiences a hacerlo el domingo en la noche. Las tareas pospuestas se acumulan y luego las harás aprisa (y mal, seguramente).
  10. Lee. De preferencias libros en papel, pues leer material digital es molesto y agota los ojos (aunque esto queda a tu elección, lo importante es que leas). Si ya lees, lee más.
  11. No estudies hasta altas horas de la noche. Tu cerebro estará agotado y será difícil enfocarse (el cerebro olvida la mayoría de lo que aprendes o estudias en un lapso de tiempo de aproximadamente diez minutos antes de ir a dormir). Es mejor acostarse más temprano, levantarse una o dos horas antes de lo previsto, darse una ducha y ponerse manos a la obra.
  12. No descuides los horarios de sueño. Necesitas unas siete u ocho horas diarias de sueño para rendir a buen nivel.
  13. Explicar a los demás refuerza tu conocimiento. Según Einstein, no conoces de verdad algo si no eres capaz de explicárselo a tu abuelita (más o menos). Explicar el conocimiento nuevo ante tus compañeros hace que tú lo comprendas aún más.
  14. Responde preguntas del profesor con la mayor frecuencia posible. Además de que refuerza tu nivel de conocimiento, ganarás enteros a ojos del profesor y puede que hasta te exima de realizar exámenes porque dominas el contenido (y lo haces ver como un buen profesional).
  15. Por más que domines teóricamente un contenido, trata de reforzarlo aplicándolo a soluciones y situaciones de la vida cotidiana. A la larga es más importante cómo se aplica que cómo se explica.
  16. Conoce tus límites, tus fortalezas, tus debilidades, y actúa en consecuencia. Frecuentemente quien es bueno para las letras es malo para los números, o viceversa. Saber de antemano dónde está tu mayor dificultad te ayuda a enfocarte, y si en una materia eres mejor que en otra no pasa nada que le pongas un poco más de esmero a la que es problemática y le dediques algo menos de tiempo a la que te resulta más asequible. También contribuye a plantearte tu futuro profesional en un camino acorde a tus gustos y fortalezas
  17. Sé honesto con tus padres sobre lo que quieres y lo que no quieres. No faltan quienes quieren ver a sus hijos convertidos en neurocirujanos o abogados en contra de sus voluntades (y muchas veces de sus capacidades o vocaciones). Si tu camino está en otra dirección, hazles comprender y diles amablemente que necesitas de ellos apoyo, no presión ni estrés.

estudiante bueno¿Y eso es todo?

Pues, evidentemente no. Falta lo más importante y que cada quien debe poner: la voluntad. Para ese ingrediente no hay decálogos ni tips predefinidos. Es necesario entrenarlo a diario.

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La vida es cambiante y flexible, y una escuela de hoy no se asemeja a una de hace tan solo cinco o seis años: si en otros tiempos los cambios generacionales se sucedían con diez o veinte años, hoy es fácil ver a personas con tres o seis años de diferencia y que pertenecen a generaciones totalmente diferentes. Lo más importante, sin embargo, sigue siendo saber verdaderamente lo que quieres, lo que puedes hacer, hasta dónde puedes llegar. ¿Lo sabes ya? Perfecto. Entonces solo tienes que enfocarte, e ir a por ello. Recuérdalo: estás horneando tu futuro.

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