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Uno de los términos que hemos adquirido en préstamo del anglosajón se ha hecho tristemente conocido debido a la proliferación de estas conductas en nuestra sociedad, y lo peor de todo, comúnmente extendido entre nuestros jóvenes, niñas y niños. Comencemos por definir qué es el bullying o acoso escolar. Este término significa, y extraigo directamente del inglés “usar la superioridad de la fuerza o influencia para intimidar a alguien, normalmente forzándolo para realizar alguna acción determinada”.

Fijándonos en esta definición podemos constatar que el uso de la fuerza viene motivado por la necesidad de obligar a otra persona a realizar alguna acción de una manera no voluntaria. Si pasamos este término a nuestro idioma encontramos la siguiente definición para acoso: “apremiar de forma insistente a alguien con molestias o requerimientos”.

Pareciera como que, a la vista de ambas definiciones, el término en español es algo como menos violento, como un sucedáneo de su equivalente en inglés. Se podría entender que el término apremiar implica algo menos de violencia que cuando decimos usar la superioridad o la fuerza.

En definitiva, siempre que obliguemos a otra persona a realizar una acción en contra de su voluntad, ejerciendo cualquier tipo de violencia, ya sea física o psíquica, estamos sobrepasando la frontera ya no sólo de lo legalmente permitido, sino de lo moralmente aceptable.

Instrucciones

  1. Cualquier manifestación de violencia ejercida hacia otra persona debe estar penada en todas sus manifestaciones. No podemos permitir el hecho de que un individuo, aprovechándose ya no sólo de su superioridad física, sino también de su status social o de su situación económica o postura religiosa intente imponer sus criterios con el único propósito del beneficio personal.
  2. Nuestros centros educativos son desgraciadamente el reflejo perfecto de la sociedad en la que están inmersos. Cuando hablamos de un centro educativo no nos referimos a un lugar donde los estudiantes, los alumnos, alumnas y los profesores desempeñan sus funciones durante un número de horas determinado. No es la fábrica donde “pican” y vuelven a sus casas para descansar de la jornada laboral y poder estar frescos para comenzar la siguiente. No podemos considerar este lugar como una fábrica, una oficina o una cadena de montaje. Estamos hablando de personas y de educación.
  3. Un colegio es una sociedad, o una micro sociedad si queremos llamarla así, que no puede sentirse al margen de la macro sociedad donde vivimos todos. En esta agrupación de personas debe existir una serie de normas, formadas por los derechos y deberes básicos, que garantizan una convivencia basada en el respeto mutuo de sus integrantes. Estas normas deben ser cumplidas por todos los estamentos de la vida escolar, no sólo por los alumnos y alumnas, sino por profesores y profesoras, dirección y personal de administración y servicios. Todos, que forman y ayudan al crecimiento de esta sociedad, deben acatar y respetar estas reglas sine qua non la convivencia se tornaría en violencia y abuso.
  4. Como decía al principio, una escuela no es sino el reflejo de la sociedad y como todo reflejo coge del original, lo peor. En este caso la violencia, el abuso, el engaño, la avaricia y la prepotencia indiscriminada.
  5. El acoso escolar, o bullying como se denomina en estos tiempos, es algo que ha existido en todas las épocas. Siempre ha habido ese alumno a alumna mayor que ha abusado de su poder contra los más pequeños o débiles. Porque el abuso escolar no se limita a ir contra alumnos o alumnas más pequeños, sino que va contra todo aquel que se sienta o muestre mayor debilidad en su capacidad de relación con los demás.

Que Necesitas

En la actualidad estamos presenciando casi a diario situaciones de bullying, como por ejemplo el que se da en las empresas, el llamado acoso laboral. Y, lo malo de todo esto, es que el ser humano llegue de alguna manera a estar tan expuesto a diario a estas situaciones que aprenda, como consecuencia, a vivir haciendo oídos sordos a estas violaciones de los derechos humanos. No es una exageración, sino una constatación a raíz de lo que somos capaces de soportar y ver como normal. ¿O no es verdad que cuando ponemos el televisor y nos aparecen las noticias de la gran cantidad de muertos provocados por algún atentado en países no tan “principales y cercanos”, somos capaces de verla sin ningún tipo de remordimiento o preocupación? Esta es la realidad, el ser humano se ha vuelto permisivo, se ha acostumbrado a estas muestras de violencia, a esta masacre de los derechos básicos de la vida. Nos hemos vuelto “pasotas” mientras que no nos toque a nuestra vida, a nuestra tranquilidad o a nuestra cómoda y conformista existencia.

Es así, y a esto es a lo que no podemos llegar con el tema del acoso escolar. Porque lo que aprendan a vivir, a experimentar o a padecer en su vida escolar es lo que en un futuro llevarán a la sociedad de la que serán los adultos y de esta manera seguiremos viviendo la faceta más destructora del ser humano.

Debemos buscar soluciones al bullying escolar en nuestros centros. Y esto no es una tarea de un colectivo o un grupo de personas. Es tarea de todos. Desde los propios alumnos y alumnas, profesores y profesoras y sobre todo familias.

La educación de nuestros hijos e hijas no es algo propio de la jornada escolar. No es tarea exclusiva de los profesores y profesoras y del equipo directivo del centro donde están matriculados. Es una tarea de todos y la familia juega un papel muy importante (te puede interesar este artículo sobre cómo tener una familia feliz) y decisivo en toda esta trayectoria de formación de los jóvenes. Desde muy pequeños nuestros hijos son esponjas que absorben todo tipo de comportamientos, palabras, miradas, tonos de la voz, movimientos y detalles de nosotros mismos que, aunque nos pasen desapercibidos, ellos los captan y lo peor de todo, que los imitan aunque sean negativos. Debemos cuidar los detalles y exigirnos la misma profesionalidad que les exigimos a sus profesores y profesoras. Es muy fácil llegar al centro escolar y, a gritos, intentar solucionar un mal entendido que ha ocurrido con nuestros hijos. No pretendamos después que nuestros hijos aprendan a solucionar los contratiempos de una manera dialogada y serena.

Paciencia, sabiduría, virtuosismo, creatividad y sobre todo hablar con ellos, ser elocuentes y no dejar nunca de escuchar. Todos estos términos son cualidades que los humanos deberíamos poner en práctica en nuestra convivencia diaria. Nuestros hijos llegarán a ser los futuros trabajadores, dirigentes, políticos, médicos, camareros, cocineros. Se convertirán en la sociedad del futuro que no será otra que aquella que les hayamos dejado en herencia nosotros.

La prevención del acoso escolar no está en quejarnos sin más ante los problemas de los que adolece nuestra sociedad. Porque la sociedad, esa palabra que tanto nos gusta emplear para hablar de los problemas de los demás, la formamos todos y cada uno de nosotros sin excepción. Todos somos responsables de los problemas que vivimos a diario, de igual manera que todos deberíamos de sentirnos orgullosos de los avances que podamos realizar y conseguir.

Si tiramos de una cuerda hacia lados opuestos, terminará por partirse por muy fuerte y resistente que sea. Nuestros hijos e hijas son como esa cuerda que tiramos desde dos polos opuestos, la familia y la escuela. Cada uno tira para su lado, cada uno ejerce la fuerza que cree necesaria para enseñarles, cada lado tira porque piensa que su faceta es la única y más importante en la educación. Imaginemos que tenemos un bote cargado con pesados bloques de piedra flotando en el mar. Puede que flote pero quizás no se mueva. Si cada uno tira de un lado, seguirá flotando pero estático. Sin embargo, si nos colocamos en el mismo lado y tiramos de él, por muy pesada que sea la cargar, conseguiremos hacer que flote y navegue.

Estos son nuestro hijos e hijas, barcas con una carga muy pesada sobre sus espaldas, crecer, madurar, conseguir un puesto de trabajo en una sociedad cada vez más deshumanizada, aprender modales y comportamientos cívicos además de sociales, lengua, inglés y una serie de asignaturas que no saben en la mayoría de los casos para qué les servirá. Con esta pesada carga, sí, logran flotar, logran llegar vivos, pero estáticos. No se mueven de su sitio y no pueden descargar ese pesado lastre que les imponemos. Por lo tanto, no nos debe extrañar, que su forma de explotar ante todo esto sea distinta dependiendo de su educación, de su habilidad para abrirse al mundo, o de las vivencias que haya tenido en su más tierna infancia. Unos lo harán siendo abusadores y otros terminarán siendo los acosados.

Y en ese momento nos encontramos con los dos extremos tirando de nosotros, el centro educativo y la familia. Si nos ponemos delante de ellos, y tiramos hacia delante de sus ilusiones, sus problemas, sus sueños conseguiremos que salga adelante, que se abra, que nos cuenten, que den un paso y que consigan no sólo flotar, sino navegar hacia su futuro.

Las causas del acoso escolar no es algo a solucionar en dos días y mucho menos a solucionar por separado entre familias y colegio. Es algo que debemos ir modificando desde la infancia para prevenir antes de que ocurra. Y cuando ha ocurrido, como es el caso de nuestro presente, entonces tomar cartas en el asunto.

¿Cómo podemos solucionar algo que ya está en nuestros centros a diario? Pues la solución no está en castigar sin más por las acciones cometidas, no está en las correcciones después de que haya ocurrido todo, no está tan siquiera en coger al alumno o alumna acosado y meterlo en una burbuja, cambiarlo de centro o esconderlo en casa. Obviamente es la solución que mejor nos alivia y nos ayuda a creer que evitamos un mal mayor. Pero ese joven que ha sido acosado, generalmente lo ha sido porque han notado en él o en ella una debilidad y es ahí donde tenemos que trabajar. Es en esa debilidad donde nos tenemos que centrar para hacer que aprenda a enfrentarse a situaciones que por desgracia cada día son más comunes en todos los ámbitos de nuestra vida y no sólo en los centros educativos. Tenemos que conseguir que ese chico o chica aprenda a ser fuerte, a saber manejar situaciones de peligro que se le pueden presentar en cualquier momento. Nadie está preparado para hacer frente a una situación de esta magnitud como la de sentirse acosado. Nadie nace sabiendo qué hacer ante una situación de injusticia social o personal. Nuestro primer sentimiento es el de la frustración y a partir de ahí, o la superamos o caemos y nos convertimos en víctimas.

Por lo tanto, ahí está la clave de convertir a nuestros hijos, a nuestros alumnos y alumnas, en personas fuertes, con carácter, críticas y sobre todo preparadas para las contingencias que les puedan ir apareciendo en su vida diaria.

El bullying escolar no es algo que vayamos a erradicar de un día para otro, pero si es algo que podemos ir haciendo desaparecer de nuestros centros y de ahí de nuestro vocabulario. No dejemos que esta situación siga adelante y seamos meros espectadores hasta que nos toque en nuestras vidas.

Consejos

  • Primero, educar a nuestros hijos e hijas desde muy temprana edad en la solidaridad, el compañerismo, la superación personal, la fortaleza, la educación y sobre todo la convivencia. Y todo esto desde nuestra actitud modelo de saber que somos ejemplos a imitar, de ser en definitiva buenos padres. Este articulo te puede interesar sobre cómo enseñar a un niño preescolar en casa.
  • Segundo, en el momento que nuestros hijos e hijas entren en el centro escolar, hacernos ver, formar parte de la vida escolar, ser ayudantes en su educación, no delegar nuestra responsabilidad, ayudar a tirar de la barca con los profesores y profesoras, maestros y maestras, que en definitiva son personas como nosotros, con nuestras debilidades y que también son padres, madres, hijos o hijas.
  • Estar atentos a la vida escolar, a todas las situaciones que puedan presentarse. Cuando vamos a recoger a nuestros hijos e hijas, no promover situaciones de malestar, de malos entendidos o de cotilleos sin sentido. Vigilar el entorno de nuestros hijos e hijas, ver como se desenvuelven con sus compañeros y compañeras, ver como los otros padres y madres actúan y si notamos alguna cosa anómala, ponerla en conocimiento del tutor o tutora de nuestro hijo para que se pueda observar y prevenir.
  • Tomar las indicaciones del tutor o tura de mi hijo como consejo, pauta a seguir y no como una imposición o intento de suplantación de mi figura de padre o madre.
  • Ante cualquier aviso de nuestro hijo o hija de alguna situación anómala, ponerlo en conocimiento inmediato en el centro, a través del tutor o tutora. No dejar pasar las situaciones que podrían haber sido solucionadas para después estar arrepintiéndonos y quejándonos durante años.
  • Y a ti profesor, profesora, maestro, maestra, tutor y tutora de nuestros hijos te pedimos lo mismo: sabiduría, paciencia, ayuda, constancia, vigilancia, cariño y sobre todo humanidad.

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